¿Cómo enseñar una lengua extranjera?
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| Las circunstancias del aula determinan la metodología de la enseñanza. |
En la entrada anterior reflexionaba acerca de cómo debe ser un profesor de español como lengua extranjera y llegué a la conclusión de que éste debía ser adaptable a las circunstancias del aula. Pero llega una nueva pregunta, esta vez centrada en el cómo enseñar esa lengua extranjera.
La enseñanza de idiomas no es algo nuevo, incluso hay evidencias del uso de silabarios desde el siglo XVII; sin embargo, la metodología ha ido cambiando en función de las nuevas teorías del conocimiento y del lenguaje. Muchos son los autores que han teorizado acerca de cómo funciona el cerebro humano y su capacidad para el aprendizaje de lenguas. Por ejemplo, la teoría conductista de Skinner genera una metodología basada en generar respuestas automáticas a estímulos externos.
En conjunto las metodologías de idiomas son como un péndulo en cuyos extremos encontramos la más pura enseñanza de la gramática basada en la literatura que supone un aprendizaje alejado de la comunicación oral y en el otro estaría la metodología encaminada a la comunicación sin base gramatical.
La mayoría de los que asistimos al curso hemos tenido experiencias, a lo largo de nuestra etapa como estudiantes, de profesores que centraban su enseñanza en ejercicios teóricos gramaticales de modo que aprender el idioma se convertía en algo extremadamente aburrido, tedioso e inútil. En mi caso, en algunas ocasiones, he tenido la suerte de recibir clases de inglés con una metodología híbrida. Para mis profesores era importante que yo me expresara con mis palabras pero con corrección. Cada lección incluía: conversación, gramática, vocabulario, juegos, vídeos, audios, bromas... Y el resultado fue un buen aprendizaje del idioma.
Por lo tanto, creo que la respuesta al cómo enseñar una lengua extranjera tampoco debe tener una respuesta cerrada, sino que cada profesor debe irse adaptando a la realidad de su clase e intentar jugar con todos los elementos de manera que cree su propia metodología para ese grupo. Ejercicios de manual, juegos de rol, vídeos, artículos de periódico, revistas, programas de radio, conversación...Todo es válido siempre que se dosifique y se adapte al nivel y al destinatario. Sin olvidar la participación constante del alumno en el aula que, bien llevada, le puede servir como una motivación al verse capaz de interactuar con los otros. Recordemos cuál es el verdadero objetivo de la enseñanza de idiomas: no sólo conseguir que el alumno se pueda comunicar en el idioma extranjero, sino también motivar a seguir aprendiendo por sí mismo.

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